
Ha sido un largo viaje para muchos de nosotros. A pesar de que solo han pasado tres meses de nuestras vidas, sin duda sentimos que ha pasado una eternidad desde que éramos “libres”. El Coronavirus vino inesperadamente, amenazando nuestro modo de vida y causando cambios en la forma como percibimos este maravilloso mundo.
Parece ha sido un largo tiempo al recordar aquellas buenas memorias del año pasado y como inadvertidamente todo era tan perfecto. ¿Se imaginan la reacción de la gente si hubiésemos salido hace un año usando mascara, evitando tocarnos, sintiéndonos paranoicos de los gérmenes y usando jabón liquido cada cinco minutos? ¡Ni Gabriel Garcia Márquez hubiese soñado una historia tan real y mágica!
La verdad es que el Coronavirus vino de repente amenazando nuestra sociedad y modo de vida. La población del mundo entendió que era real y peligroso, elaborando cambios significativos hacia un modo de preservación humana. Nuestro cerebro se encontró con una amenaza que inmediatamente nos puso en pánico y vigilantes, constantemente en guardia buscando formas para no infectarnos con este peligro letal. COVID-19 era nuevo para nuestro cerebro haciéndonos adherir a las recomendaciones de precaución y seguridad, pero con el tiempo ese estrés dejo de ser nuevo, y nuestro cerebro se ajustó a un riesgo que ya no se sentía tan peligroso.
Puede sonar lógico que si estas tratando de sobrevivir una pandemia, continuarías tomando precauciones constantemente. Sin embargo, ese no ha sido el caso para muchas de nuestras comunidades. ¿Entonces, Porque estamos fallando en mantener las precauciones de seguridad a través del tiempo?
FATIGA DE PRECAUCION
Una posible explicación para la extinción de las medidas de seguridad y precaución se llama Fatiga de precaucion. Según esta teoría el cerebro humano esta principalmente armado para manejar amenazas a corto plazo, pero cuando existe estrés crónico que requiere meses de precaución, esta situación va en contra de cualquier respuesta que conocemos. Esta teoría sugiere que con el paso del tiempo, los cuidados preventivos se disipan y desaparecen erosionando la motivación necesaria para mantener los cambios a través del tiempo. Sentirnos fatigados de las medidas de seguridad y precaución nos lleva por la senda peligrosa de tener pensamientos como “¿Es solo una cena de cumpleaños, porque no ir?” o “¿Nadie se pone la máscara, porque me la pongo?”
Para evitar que la fatiga impacte nuestro juicio hay múltiples cosas que podemos hacer. Quisiera empezar por decir que si ha llegado hasta este punto del artículo, ya está haciendo algo para prevenir este fenómeno solo con educarse al respecto del tema. Otro punto importante para evitar la fatiga a los cuidados preventivos pasa por enfocarnos en nuestra salud mental y física. Tener rutinas claras, suficiente sueño, una nutrición saludable, ejercicio regularmente, meditar y conectarnos con los seres queridos para proveer y recibir soporte emocional recordando que el distanciamiento social no es igual a aislamiento social, son algunas recomendaciones para estar mejor. Por último, es muy importante para prevenir esta situación tratar de encontrar un proyecto que nos permita ser feliz mientras estamos en casa. Un proyecto que nos otorgue: (1) Autocuidado y guía para obtener algo durante el tiempo de cuarentena; (2) Nos permita concentrarnos en nosotros y no en lo que nos estamos perdiendo afuera; (3) Nos provea un propósito para el tiempo que pasamos en casa ayudándonos a crecer como personas, trayendo alegría, y un sentido de logro personal, Imagínese por un segundo salir de este proceso con una nueva visión, misión y habilidades para un mejor futuro.
MAL ENTENDIMIENTO DE LAS MEDIDAS DE PRECAUCION
Otra posible explicación a las dificultades que experimentamos tratando de mantener las medidas de precaución tiene que ver con el mal entendimiento y pobre comprensión de algunas de estas medidas. Desde el principio de la pandemia parte de nuestra sociedad ha tenido dificultades con la autorregulación y el entendimiento de que lo que está ocurriendo es un problema serio. Fue solo hasta que nuestro gobierno intervino declarando desastre local debido a una emergencia de salud pública, que la mayoría de las personas entendieron que esto era real. Órdenes dictadas por nuestro gobierno local y estatal tales como quedarse en casa, uso obligatorio de mascara y toque de queda nos otorgaron la regulación para mitigar y disminuir el contagio de un virus letal y desconocido. Desafortunadamente, estas órdenes al igual que la mayoría de restricciones evolucionaron hacia un sentimiento de castigo y punición por parte de la comunidad. La gente pronto dejo de pensar en protegerse del virus, y en su lugar empezó a pensar cosas como “¿Porque no ir a esta fiesta?” “¿Cuándo puedo ir a la playa?” o “¿Porque debo usar esta mascara?”
La realidad es que a los seres humanos no nos gusta que nos impongan cosas. No nos gustaba cuando éramos niños y no nos gusta ahora. Piense por un segundo, cuando era niño y le castigaban sin televisión por un mes, ¿cómo le hacía sentir? Seguramente no se sentía para nada feliz. Seguramente lo único que podía pensar en su mente era como poder ver televisión sin que se dieran cuenta. Pues eso exactamente es lo que nos ha venido pasando a lo largo de los últimos meses. Pensamos que todo es un castigo, y lo único que contemplamos en nuestras mentes es ¿Cómo salir de casa? ¿Cómo volver a estar libres? o ¿Cuándo va a terminar todo esto?
En nuestra opinión COVID-19 ha evolucionado a ser un problema del comportamiento humano, y nuestra mejor arma para combatirlo es cambiar la concepción de porque hacemos cosas como usar mascara, quedarnos en casa o distanciarnos socialmente. Usualmente, cuando nos enfrentamos a un problema de comportamiento, corregirlo requiere hacer cambios a través de estrategias diseñadas para conseguir la meta deseada. Algunas de esas estrategias incluyen entender porque ocurre el comportamiento, comprender cual es la motivación detrás del comportamiento, y alterar el entorno con el fin de proveer un ambiente que incentive y apoye positivamente la meta deseada.
Como se puede concluir al leer este artículo, pensar que debemos seguir las medidas de precaución ante el Coronavirus porque de lo contrario nos meteremos en problemas, es un mal entendimiento del concepto por el cual nos cuidamos que sin duda está condenado al fracaso. Si realmente queremos convertir las precauciones en hábitos, debemos pensar en ellas de manera positiva. Necesitamos sentirnos orgullosos de hacer lo correcto. Necesitamos saber que usar la máscara es un acto de amor. Necesitamos saber que el distanciamiento social es realmente sobre altruismo. Necesitamos saber que mantenerse a salvo es proteger a los demás, mejorar la salud pública y garantizar que los hospitales puedan satisfacer las demandas.
Nuestra comunidad necesita cambiar la concepción de porque tomamos medidas de seguridad ante el coronavirus. Para lograr modificar nuestro comportamiento, debemos reconocer y ovacionar a todos ellos que se comportan de una forma correcta. Necesitamos hacerles sentir orgullosos por su servicio comunitario. Unámonos para incentivar el buen comportamiento y hacer sentir bien a las personas que hacen el bien. Les puedo asegurar que si cumplimentan a alguien en la calle por usar la máscara o tomar medidas de precaución, esa persona se sentirá agradada, ¡y usted estará empezando a hacer la diferencia!
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