“Papá, habría preferido seguir escuchando tus historias antes que asistir a tu funeral. Me siento culpable porque no hice más, porque no vi las señales”.
El suicidio es una tragedia para la persona, la familia y la comunidad. No importa cuán preparados estemos para afrontar la muerte de un ser querido: perder a alguien por suicidio es una experiencia triste, impactante, dolorosa y devastadora. Los estudios demuestran que las familias que pierden a alguien por suicidio —cuyos integrantes son conocidos como supervivientes de suicidio— tienen un mayor riesgo de presentar problemas de salud mental y de experimentar pensamientos o conductas suicidas.
Perder a alguien por suicidio puede dar lugar a un duelo profundamente complejo, marcado por una búsqueda constante de respuestas: ¿Por qué pasó? ¿Pude haber hecho algo diferente? ¿Cómo no me di cuenta? ¿Por qué no vi las señales? A estas preguntas suele sumarse una intensa culpa por no haber podido prevenir la tragedia.

Las familias supervivientes pueden experimentar sentimientos de enojo, tristeza, confusión y aislamiento. También pueden presentar síntomas de ansiedad, depresión o estrés postraumático. Por eso, después de un suicidio, no solo debemos preocuparnos por quien murió, sino también por quienes quedan.
Si hubiese sabido que esa era la última vez…
“Si hubiese sabido que esa era la última vez que te iba a ver, te habría dado un abrazo y un beso. Te habría dicho que no estás solo; que la ilusión nunca muere, sino que cambia de lugar; que, aunque en ese momento no pudieras ver una salida, existía otra posibilidad distinta al suicidio. Te habría dicho que te necesito, que tu presencia importa, que el éxito también está en las cosas pequeñas y que haces mejor nuestras vidas con tan solo hablar”.
Es importante recordar que la responsabilidad de prevenir un suicidio no recae sobre una sola persona. Muchas veces, las señales no son evidentes y algunas personas pueden ocultar profundamente su sufrimiento. Quizás nunca podamos saber exactamente qué estaba ocurriendo en la mente de una persona que murió por suicidio. Pero sí podemos aprender a reconocer cuándo alguien está sufriendo y actuar antes de que sea demasiado tarde.

¿Quién está en riesgo?
El suicidio no tiene una sola causa. Generalmente ocurre cuando diversos factores se combinan y una persona siente que su dolor supera los recursos que tiene para afrontarlo.
Algunos factores que pueden aumentar el riesgo incluyen:
• Antecedentes de intentos de suicidio.
• Depresión u otros problemas de salud mental.
• Consumo problemático de alcohol o drogas.
• Experiencias traumáticas o situaciones de abuso.
• Pérdida reciente de una persona, una relación, un trabajo o la estabilidad económica.
• Aislamiento social o sensación de no pertenecer.
• Conflictos familiares o problemas importantes en las relaciones.
• Dolor físico o enfermedades crónicas.
• Acceso a medios letales.
• Antecedentes familiares de suicidio.
Tener uno o varios de estos factores no significa que una persona vaya a suicidarse. Son señales que indican la necesidad de prestar mayor atención, fortalecer el apoyo y, cuando sea necesario, buscar ayuda profesional. Una señal aislada tampoco permite saber con certeza qué está ocurriendo. Lo importante es observar los cambios, escuchar y no ignorar aquello que nos preocupa.

No siempre podremos identificar todas las señales. No siempre podremos saber cuánto dolor esconde alguien detrás de una sonrisa. Y no siempre podremos prevenir una tragedia. Pero sí podemos crear comunidades donde hablar de salud mental no sea motivo de vergüenza. Podemos aprender a preguntar, a escuchar, a reconocer los cambios y a conectar a las personas con ayuda.
Y, sobre todo, podemos dejar de esperar a que alguien esté en crisis para decirle:
“Me importas”.
“Estoy aquí contigo”.
“No tienes que enfrentar esto solo”.
Si tú o alguien que conoces está pasando por una crisis o pensando en suicidarse, llama o envía un mensaje de texto al 988 en Estados Unidos.

German Corso MD
German is a trained and Board-Certified in Child, Adolescent and Adult Psychiatry. German is currently a medical director at Tropical Texas Behavioral health where he also functions as the physician attending for medical students currently rotating in the valley. Dr. Corso did his Psychiatry residency in Saint Louis, then joined UT Southwestern Medical School for a fellowship in Child and Adolescent Psychiatry. Dr. Corso is also a co-founder of the Shrink Box podcast, actively participating in the discussion of relevant mental health topics affecting society.